1 ene 2010

CAPÍTULO 4: DE EXCURSIONES VARIAS



4.1. Manchester:

Si no fuera por mis pequeñas excursiones los fines de semana me temo que en estos momentos no tendría mucho que contaros… Aquí las cosas siguen igual, es decir, caóticas. Poco a poco parece que entienden lo de la ropa en el suelo, bueno, más bien lo parece por días, porque los hay que lo hacen y los hay que no. Lo de los zapatos debajo de la mesa es algo que no consigo remediar… Pero qué le vamos a hacer, si Diana viene los martes y esa misma noche la casa ya está asquerosa… Me compadezco de esta mujer cuyo trabajo y esfuerzo no puede percibirse más que unas horas… (Y os aseguro que se nota… ¡hay un olor diferente! Jeje).

Nuestra segunda visita a Manchester fue mucho mejor que la primera, entre otras cosas porque pasamos más tiempo, Elena ya tiene un hogar en el que vivir y pudimos ver un poco de la ciudad. Llegamos sobre la una y algo a Manchester y Elena nos enseñó el camino hacia su nueva casa. Comimos ahí y rápidamente nos dirigimos de nuevo al centro porque Helen entraba a currar a las tres. Durante el camino me tropecé una primera vez (no Marta, no me caí) y maldije las calles inglesas que están llenas de socavones o de trozos levantados. A los pocos minutos volví a tropezar, y de nuevo no me caí, pero sí rompí mis maravillosas bailarinas negras… ¡Qué pena chicas! ¡Con los momentos tan increíbles que pasé con ellas! Al principio sólo se me había separado la tapa de la suela, que colgaba extrañamente. Intenté andar así (era un tanto raro y patético) hasta una tienda en la que comprar pegamento, pero al entrar en una y mirar de nuevo mi zapato me percaté de que había perdido el trozo que colgaba… Sí, iba medio descalza, casi tocando el suelo con los ejecutivos, y ni me había dado cuenta. Así que salimos de ese supermercado en dirección a Primark donde adquirí unas nuevas (no tan bonitas ni cómodas como las anteriores) pero sí mucho más baratas (4 pounds). A la salida me despedí como pude de ellas y las “enterré” con mucho dolor en una papelera de Manchester… Esa fue la primera visita que hicimos Clara y yo de la ciudad… el Primark (también fue mi primera visita en Liverpool, acojonante).

Después de este anecdótico momento quisimos dirigirnos a ver un mercadillo que se supone tiene lugar los sábados. Pero qué sorpresa cuando, mapa/guía en mano, nos topamos con varios policías en nuestro camino. No se puede pasar por ahí. ¿Pero qué está pasando? Nos acercamos un poco más y bordeamos tanto policía cuando vemos que hay una manifestación. Me subo a una verja y descubro que la manifestación es de corte fascista… Genial, ¿dónde nos hemos metido? Así que damos media vuelta, intentamos encontrar el mercadillo y como fue imposible nos pusimos a ver tiendecitas que había por el camino. ¡Viva el vintage! Creo que Clara todavía lo está flipando con los dos bolsos a un pound cada uno que se compró en una de estas. En una de ellas me enamoré de un vestido morado de fiesta, a tan sólo 25 pounds, pero he decidido ahorrar (entre otras cosas porque mi pobreza se hace cada día más manifiesta en este país y tampoco tengo ningún evento en el que ponérmelo…). Durante la visita a esa tienda empezaron a desalojar la manifestación y, como no, pasó por la calle. La dependienta, al ver lo que se acercaba a lo lejos, decidió cerrar y echar el pestillo. ¡Más vale ser precavido!

Cuando por fin abrió la puerta y pudimos seguir con nuestro paseo por la ciudad, llegamos a una calle en la que de nuevo estaba la manifestación. Pensamos que lo mejor era tomar algo hasta que se acabara así que nos metimos en el Starbucks. Desde la planta superior se podía ver todo el follon y pude sacar varias fotos (de motivada por la vida, ¡creyéndome una súper reportera! Jejeje). Pero llegó un momento que también decidieron desalojarnos de ahí y de nuevo tuvimos el “placer” de toparnos con los mil y un policías y los manifestantes.

Decidimos que lo mejor era coger la guía, mirar bien el mapa, e ir a ver un poco la ciudad. Así que conseguimos alejarnos de la manifestación y bajamos hasta la catedral. Es bastante pequeñita, de estilo gótico. De ahí nos dirigimos al Ayuntamiento, donde había un “festival” de comida y por supuesto, la comida española estaba presente con Paella. Vimos la Biblioteca y la Art Gallery para llegar a China Town (su China Town no mola mucho, la verdad). Una vez terminada la visita cultural nos fuimos a comprar algo con lo que alcoholizarnos (vino de California, nada recomendable) y a casa de Elena.

A las 12 y algo cogimos un taxi. Os voy a contar la historia del taxista que trae para largo… Aquí tienes dos tipos de taxis, los caros y los baratos. Los baratos, eso sí, se hacen ricos con las llamadas a 085 que tienes que hacer para que acudan. Una vez en el sitio en el que has quedado con ellos te hacen una perdida para que salgas y/o saber quién eres de entre la multitud. El taxista (no recuerdo bien si era indio o paquistaní) nada más subirnos nos preguntó si éramos españolas. “Sí”, “Can you please translate something?”, “Of course”. Así que me da su móvil y me empieza a decir algo tipo “te extraño mucho, pienso mucho en ti, quiero verte. Besos”. Obviamente le preguntamos y nos contó que años atrás había vivido en Venezuela donde había conocido a su novia, que está casada con otro, por cierto. Clara se indignó muchísimo, porque, además, según ella, fijo que el tiene también mujer y los dos están engañando.

Hoy jueves he recibido un mensaje que me ha dejado bastante perturbada… Estaba tranquilamente subiendo fotos en Factbook cuando suena el móvil. Miro de quién es el mensaje (pensando que sería alguno de mis amigos) y veo un número que no conozco. Me pone que si puedo por favor traducirle esto, firmado: Janu. “¿Quién es Janu?”, pienso. Así que le contesto con el típico sms de “perdona, no tengo tu número, no sé quién eres”. “The taxi driver”. ¿¿¿HOLA??? ¿¿¿ESTAMOS LOCOS O QUÉ???

Os transcribo el mensaje que, obviamente, no traduje: remember what is most important... is not having everything go right, its facing whatever goes wrong... it's not being without fear, its having the determination to go on in spite of it... its not where you stand, but the direction you are going in... remember to live just this one day and not to add tomorrow's troubles to today’s load... remember that every day ends and brings a new tomorrow full of exciting new things... love what you do, do the best u can and always remember to love is to be loved in return... we pass this way but one. Make it a journey to be proud of x:)

Llegamos a La Tasca, una cadena de “tapas” en la que trabaja uno de los compañeros de casa de Helen. Ahí continuamos con el alcohol, “disfrutando” de música como Baute… Sí señoras, ¡Baute! Me temo que de verdad traspasa fronteras… ¡Qué momento de felicidad de Clara! “¿Esto es Baute? ¡Es Baute! ¡Bea, es Baute!”, “¡Nooooooooooooo!”. Aquí Clara ya iba un poco más contenta que Elena y yo… y le dio con que quería un globito que había por ahí. Al final, lo consiguió y estuvimos media noche con el globito de aquí para allá (¡doy gracias al inglés que lo explotó…!). Después nos trasladamos a un garito cuyo nombre no recuerdo (puede que fuera Pussycat y que Atunes y Darth añoraran La Manga…). El caso es que a las cuatro por ahí decidimos volvernos a casa, Clara en un estado de lo más interesante, aunque según ella, iba bien. (No podía andar muy recto, pero bueno). La muy mamona (con amor Claris, con amor) cuando llegamos a casa decidió ocupar media cama y dejarnos la otra mitad a Elena y a mí (porque dormíamos las 3 en la cama). La resaca del día siguiente fue interesante… Comimos por ahí y acompañamos a Clara a la estación. Después Elena y yo morimos en su casa. Cogí el lunes el tren de vuelta a Liverpool y pasé de nuevo por una estación llamada West Allerton. El caso es que yo vivo en un barrio que se llama Allerton, así que me dio qué pensar. Cuando llegué a casa le pregunté a Graham y me dijo que sí, que hay una estación de tren en el barrio por la que pasan los regionales y algunos de larga distancia. Por qué no me lo había dicho antes y me hacía ir hasta el centro todavía no lo sé…

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