Un año y dos meses. Eso es lo que llevo en Liverpool. Llegué en septiembre de 2009, el día 21 para ser más exactos, para trabajar como au pair mientras aprendía inglés. Todavía hoy les recuerdo a los cuatro en el aeropuerto esperándome para recogerme, con un cartel con mi nombre y una rosa como regalo, aunque lo que más me emocionó fue el mensaje de bienvenida escrito en la pizarra de mi “nuevo” cuarto: “Beatriz, ¡bienvenido a Liverpool! ¡Esperamos que te gusta tu dormitorio!” (Sí, ¡tenía varias erratas!).
Tenía ganas de cambio y de aventura y poco me ha faltado de ambos. Cambio, porque somos dos culturas completamente diferentes, con otro carácter y otro modo de vida. Aventura, porque nadie te dice lo raro que es vivir con otra familia, porque empezar de cero no es fácil y porque llegar con un nivel bajo de idioma hace que te pierdas hasta para comprar el pan. Pero, aún así, lo recomiendo y digo, sin miedo, que está siendo una de las mejores experiencias de mi vida.
No puedo decir que Liverpool es la ciudad más bonita de Inglaterra porque sin duda mentiría. Chester, York, Bath y, por supuesto, Londres, le aventajan. No puedo negar que gran parte de la fama e importancia de la ciudad viene de los Beatles y del equipo de fútbol. Pero tampoco puedo decir que todo se reduzca a eso. Liverpool es una mezcla entre modernidad y decadencia que le hacen especial. Un edificio innovador se alza al lado de uno casi en ruinas y a pocos metros lo que fue una nave industrial se ha convertido ahora en un hotel de lujo. Es la leyenda de su símbolo, los “liverbirds” que copan desafiantes el Royal Liver Building y de los que se dice que “si hechan a volar, Liverpool dejará de existir”. Es la mezcla de estilos arquitectónicos. Es estar cerca del mar pero a su vez lejos.
Quizá por ser de Madrid disfrute yendo al puerto de Albert Dock (ya se sabe, “vaya, vaya, aquí no hay playa”), donde se mezclan ocio y cultura. Un día me voy a ver los barcos navegar, otro a una exposición al TATE y el tercero a tomar un café. Ando por el Pier Head disfrutando de “las tres gracias” como les llaman aquí, el edificio Royal Liver, el edificio Cunard y el edificio del Puerto de Liverpool, declarados patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Les acompañan los numerosos memoriales, como el que se erige en honor al Titanic, pues poca gente sabe que el barco estaba registrado en la ciudad y que era propiedad de una compañía de Liverpool.
En Liverpool puedes subir a la torre de la catedral protestante, a la cafetería de la última planta de la West Tower o a la Radio City Tower para disfrutar de las vistas de la ciudad y de lo que ya no es tan ciudad. Puedes pasear por Chinatown y encontrarte con la puerta más grande fuera de China, regalo de Shangai, ciudad hermandada con Liverpool.
Liverpool es, sin duda alguna, los Beatles. Es ir a The Cavern, a revivir la época dorada del grupo de música más grande la historia, mientras sus imitadores cantan una y otra vez sus canciones y el público disfruta su pinta y se emociona con canciones que se saben de memoria. The Cavern es un sitio en el que puede pasar de todo, he llegado a ver hasta una pedida de mano. Todos en silencio, expectantes por saber si la novia aceptaba y gritando de júbilo cuando dijo “sí”. Es entrar en el museo dedicado a ellos y subirte en el Yellow Submarine. Es ir a Penny Lane o Strawberry Fields para honrarles y sacarte la típica foto de turista. Es comprarte un póster de la portada del disco Abbey Road para decorar tu nuevo hogar.
Es disfrutar de la cultura yendo a una exposición a The Bluecoat, TATE Museum, Walker Art Gallery o, ahora mismo, disfrutar de la bienal de arte, que aparece en cada esquina en los sitios más insospechados. Es ir a un concierto de jazz en una sala mientras que en la de al lado un grupo de música Indie se da a conocer. Es intentar sacarte mil y una fotos con las “lambananas” e incluso plantearte la idea de subirte a alguna.
Es ir de compras a Liverpool One y comprar como un loco en Primark porque “total, por 3 pounds, si se me rompe pronto no pasa nada”. Es ir a comer algo de madrugada a tu take away favorito, para nosotros “el tío Sam”, que se ha convertido en un coleguita más.
Todo esto y mucho más es Liverpool, donde “you will never walk alone…”