11 ene 2010

CAPÍTULO 6: DE NUEVO EN LIVERPOOL


Tras la desconexión navideña tocó volver a mi nueva ciudad. Cada día tengo más claro que como en el hogar en ningún sitio… Venir en septiembre no fue difícil pero hacerlo en enero lo ha sido mucho más de lo que imaginaba. De nuevo en la rutina, de nuevo en una casa que no se puede llamar hogar, de nuevo en la mala alimentación, de nuevo en el frío… Y, para más inri, un viaje catastrófico, difícil de olvidar…

En un año donde el temporal no hacía más que sorprender a medio mundo con intensas nevadas yo vivía una de estas en el aeropuerto de Madrid Barajas. Llevaban días avisando de la bajada de las temperaturas y del temporal. Las imágenes que enseñaban los medios no dejaban lugar a dudas. Se hablaba del peor temporal en los últimos treinta años (aunque a mi me da la sensación de que todos los años es el peor temporal…) Cientos de personas esperaban impacientes en sus casas a que éste menguara, y los que como yo no estábamos en casa, vivíamos como podíamos nuestra odisea esperando a que un medio de transporte pudiera llevarnos a nuestros destinos. Miraba por los grandes ventanales del aeropuerto y sólo veía oscuridad… la noche caía y ya no era posible distinguir los copos de nieve cayendo… sólo un cielo gris, con nada enfrente.

Antes de encaminarme al aeropuerto miré una y otra vez en la página web de la compañía aérea con la que volaba debido a la multitud de vuelos que habían sido cancelados con anterioridad. El mío no aparecía en la lista. Al llegar ahí pregunté a uno de los miembros de ésta y me informó de que probablemente voláramos con retraso. Pasa la primera hora y nadie nos informa, sólo la pantalla con el nombre de la ciudad nos dice lo que ya todos sabemos: el vuelo está retrasado.

Unos empiezan a hablar con los otros. La gente hace grupitos. Busca cómo pasar las horas. Otros leen. Unos pocos estudian. Otros como yo sacan el ordenador (pero encima no hay wifi GRATIS en los aeropuertos). Y unos pocos que se limitan a pasar el tiempo. Me pregunto si toda esta gente que habla los unos con los otros se seguirán hablando una vez subidos al avión. Miro a la gente y veo caras de cansancio, de resignación, de enfado, pero también alguna que otra sonrisa. Lo peor es para los padres que van con sus niños pequeños… ellos sí que están cansados y buscan como entretener a sus criaturas. Se nota la facilidad de estos para jugar unos con otros, incluso aunque no tengan el mismo idioma.

Por fin aparece un miembro de la compañía, para avisarnos que (vaya sorpresa) el vuelo está retrasado y que podemos ir a tomar un snack gratis a una de las cafeterías que está al lado. Empiezo a hablar con dos chicos que, al igual que yo, esperaban sentados en el suelo una respuesta. Uno va a Leeds, el otro a Liverpool. Los nervios empiezan a atacarnos a todos. El de Leeds le pregunta a la azafata si puede recuperar su maleta a pesar de haber pasado el control, no va a esperar tanto tiempo. Ante la respuesta positiva de ésta nos deja, tirados en el suelo a Quique y a mí. Quique está de erasmus en Liverpool, estudiando filología inglesa. El no puede cambiar el vuelo porque a la vuelta le esperan los maravillosos exámenes. Es moreno, alto, delgado, tiene agujereadas las orejas y su estilo de vestir es rapero. Nos contamos un poco nuestra vida hasta que aparece un chico con el que había hablado en la cola de la facturación. Diría que quiere entablar conversación puesto que la pregunta que me hace es un tanto estúpida y hacía cinco minutos había pasado a mi lado dos veces… Se sienta a mi izquierda, ahora tengo a los dos a cada lado. El nuevo se llama Nico y está haciendo un master en matemáticas en Manchester. También es moreno, delgado pero no tan alto como Quique y diremos que su estilo era más bien pijo. Mientras tanto el vuelo se ha vuelto a retrasar, ahora hasta las nueve…

“Amablemente” la compañía aérea nos da gratis unos bocadillos y bebidas, así consiguen calmarnos un poco los ánimos. Las horas pasan y los temas de conversación varían constantemente. Es curioso cómo en situaciones así la gente tiene facilidad para hablar con los demás. Si no hubiera habido retraso estoy segura de que prácticamente nadie habría hablado con nadie. Pero de repente, todos somos amigos. Todos estamos indignados. Todos nos intentamos ayudar en todo lo que podemos. Y así aparece de nuevo un miembro de la compañía para decirnos que, por fin, la gente que esperaba a coger su vuelo en Liverpool rumbo a Madrid ha podido hacerlo, así que sólo toca esperar a que lleguen… Eso sí, no han salido a la hora que tenían y por ello nosotros no embarcaremos hasta las 12 y media de la noche…

¡Qué momento en el que les vimos aparecer! Un cristal separaba los pringados que venían de Liverpool de los que íbamos. La gente se puso a aplaudir. Los del otro lado levantaban las manos en símbolo de victoria. Nos daban ánimo, pero ya nada importaba. Habíamos conseguido sobrevivir nueve horas en el aeropuerto… Ya sólo tocaba subir al avión… Mucha gente había ido cayendo por el camino, principalmente la gente con niños pequeños. Si para mí fue duro imaginaros las madres con los bebés.

Eso sí, pensábamos que el grupo de niños que se encaminaban a un internado aquí estaría por fin rendidos y se quedarían quietos un rato, pero no fue así. Encima nos tocó sentarnos cerca suyo y aguantar sus historias (por cierto, iban ya con el uniforme puesto…). Yo no les echaba más de 13 años, y estos incluso menos. Y sus conversaciones ya giraban en torno a temas como sexo. El mejor momento fue cuando uno de los chicos le preguntó a Carlota (que debía ser la niña guay/popular del colegio) cómo es que “después de haber dejado preñada a Lidia” había podido salir con no sabemos qué chico… Las nuevas generaciones vienen demasiado adelantadas.

Y, ¡milagro!, a las dos y media de la madrugada (hora local, tres y media hora española) aterrizamos en el aeropuerto John Lennon. Bajamos del avión y nos recoge el autobús. Llegamos al edificio donde nos espera la aduana. Damos nuestros pasaportes/DNI y llegamos a la recogida de maletas. Y, ¡milagro otra vez! Por primera vez en mi vida la maleta nos está esperando… ¡Nunca me había pasado eso! Estoy sorprendida… Ya sólo queda coger un taxi. Quique y yo nos despedimos de la gente, llamo a Delta y salimos a esperar al señor taxista que viene a recogernos. La nieve dificulta el arrastre de las maletas y aún más la conducción. El taxista va muy lento, pero lo prefiero, porque el hielo y la nieve son muy bonitos, pero no dan mucha seguridad. Por fin llegamos a mi casa, donde me bajo y me despido de Quique. Ahora sólo me queda andar con la maleta hasta entrar en casa. Un par de veces estoy a punto de resbalar pero consigo llegar hasta la puerta, entrar y subir las cosas. ¡Oh, Dios mío! ¡Qué mal huele mi cuarto! Se nota que nadie ha entrado a limpiarlo ni ventilarlo… Me da igual, llevo más de 13 horas para llegar a casa, estoy cansada y con frío. Sólo pienso en meterme en la cama. Ha sido un día realmente duro…

4 ene 2010

CAPÍTULO 5: SIN NOVEDADES POR EL FRENTE


Llevo un tiempo sin escribir, pero porque no me ha pasado nada especialmente relevante. La casa sigue casi igual de caótica, asquerosita… cada día me da más repugnancia, sobre todo cuando veo arañitas… ¡y eso que entiendo que al vivir en una casa rodeada por verde es normal que haya! Lo que sigo sin entender es que tanta comida acabe en el suelo, ¡porque cuando comemos no me parece que se les caiga tanta!; que el lugar para las toallas sea habitualmente el suelo; que desde que llevo aquí ellos no hayan lavado sus toallas (a no ser que lo hagan los findes que estoy fuera…), que Graham siga sin ponerse de nuevo con las obras en su casa y esto siga patas arriba…

Pero el gran problema sigue siendo el alimenticio… porque, además de comer mal, ¡comen poco! El domingo Graham hizo un pollo asado con verduras. Para ellos esto fue una súper comida… para mi fue una comida normal. Cuando se fue al concierto me dijo que como habían comido tanto para cenar bastaba con que les diera tostadas con queso. ¿¡¿PERDÓN?!? ¿Qué tipo de cena es esa? Decidí cambiar el “menú” impuesto por Graham y hacer crepes, con lo que me gané aún más el aprecio de los niños. Sobre las 4 una de las niñas tenía hambre y me preguntó si podía comer una tostada, le dije que sí, pero el hermano se levantó y dijo que no, que habían comido mucho, que luego no iba a cenar. Soy de las personas que creen que si uno tiene hambre hay que comer… así que le dije que sí. Resultó al final que la niña comió, merendó y cenó normal, en ningún momento se quejó de estar llena…

Lo bueno es que como al medio día estoy sola suelo comer mucha verdura y pescado, pero lo de cenar tan pronto me sigue matando. Más que nada porque a las 8 o 9 vuelvo a tener hambre y tiro de galletas… Conclusión: en 2 meses he engordado más de 4 kilos, que no me vienen mal, pero me pregunto cómo estarán mi colesterol y mi azúcar en estos momentos.

Cosas que me asombran de Inglaterra

1. A pesar de ser un país habituado a la lluvia, están igual de mal preparados para ella que nosotros. A penas hay alcantarillas, las carreteras y calles están mal asfaltadas con lo que se forman charcos gigantescos. No recogen las hojas del suelo, con lo que al unirse con la lluvia se forma un barro de lo más interesante (que provoca resbalones aún más interesantes). Lo único que tiene más o menos lógica es que bastantes paradas de autobuses están al revés, para que al pasar un coche se moje el cristal y no tú, pero es un incordio porque no ves bien si viene o no el bus.

2. Aquí las grandes superficies abren las 24 horas del día casi todos los días. El Tesco sólo cierra los domingos de 10 de la noche a 6 de la mañana. Así que si quieres hacer la compra a las 3 de la madrugada puedes perfectamente. Eso sí, quizá no tengas mucha comida, porque el día que yo fui a las 8 de la noche estaba un poco vacío.

3. La catedral protestante se utiliza para actos sociales como entregas de premios. ¡Me sorprendió muchísimo! Recogen los bancos, ponen un cartel diciendo que la misa se dará en otro lugar y ¡hala! A poner mesas, sillas, iluminación, pantallas… Pero bueno, si tienen un café y una tienda de diseño, no veo por qué no va a utilizarse de salón de actos…

4. La competencia low cost. Sí, aquí hay de todo low cost. Hay una empresa municipal de transportes y luego la Stagecoach, que se proclaman a sí mismos como low cost public transport (y sí que es más barato, aunque no hacen todos los recorridos). Tienes los taxis normales y las compañías low cost, pero que hacen negocio con la llamada, porque no paran, van a buscarte. Eso sí, el trayecto te sale a mitad de precio del normal (aunque has pagado la llamada…). Hay una tienda que se llama One Pound World que vende todo por supuesto a una libra.

5. Que, al menos en mi casa, no pongan la calefacción todo el día con el frío que ya hace. La ponen la mitad del día, porque cuesta mucho, y se supone que el resto del tiempo estará la casa ya caliente (discrepo). Entiendo cada vez más que vivan en la cocina, porque entre que no tienen salón y que es la habitación más caliente… pero a mi no me gusta vivir ahí, sobre todo por los olores… Así que me paso el día envuelta en una mantita que me compré en Primark.

6. Las solicitudes para pedir unas prácticas o un trabajo. No me preguntéis cómo pero me topé con una página web en la que había una oferta para la BBC Radio Merseyside (mi región) así que me quise apuntar. La oferta consistía en catorce páginas explicando exactamente de qué se trataba y con un formulario. El formulario eran 6 páginas y de esas 6 eran la mitad escribir redacciones tipo, por qué consideras que eres la persona adecuada para el puesto o qué tipo de actividades llevarías a cabo si lo consiguieras. Así que después de pasarme como dos días con los papeles se lo envié a mi teacher para que me lo corrigiera. De momento no me han contestado así que supongo que me han rechazado. Se lo envié a más sitios, en uno me dijeron que no y en otro me preguntaron que si no hablaba también italiano, porque al parecer con tres idiomas no tengo suficiente todavía…

7. La ausencia de pasos de cebra. Aquí todo el mundo cruza a lo loco, pero es normal puesto que no hay pasos de cebra. Para coger el autobús tengo que hacerlo, ya que el paso de cebra más cercano está a más de 5 minutos andando, mucho más cerca de la siguiente parada que de la mía. Y así, al menos, todo Liverpool.

8. El student discount. Estoy utilizando más aquí mi tarjeta de la Complutense que en cinco años de carrera, ¡y no es broma! Tengo descuento en el transporte público, en tiendas de ropa, en peluquerías (aunque como sigue siendo caro estoy esperando a llegar a Madrid) y en actividades y museos. ¡Maravillosa Complutense que regala un año y medio más en el carnet universitario!

Más visitas:

A mediados de noviembre vino a verme Paty. ¡Me hizo mucha ilusión recibir una visita desde Madrid! La pobre además me trajo media maleta cargada con ropa y comida que le había dado mi santa madre. Lo malo es que se me hizo muy corto… Pero estuvo bien volver a tener horarios normales (porque esos días no cené con la familia).

Le gustó mucho la ciudad y encima estuvo muy contenta porque uno de los días hizo súper bueno (¡con sol!). Por fin fui a Anfield, que todavía no había ido, aunque no a ver un partido, ¡para eso todavía parece que tengo que esperar! ¡Y sobre todo el museo de los Beatles! Está genial, aunque es un poco caro… nos costó 8,30 pounds a cada una y eso que utilizamos la tarjeta de estudiante. Estuvimos viendo también toda la decoración de Navidad, que desde hace un mes empezó en las tiendas y ahora oficialmente en la ciudad. Han puesto una pista de patinaje, una noria, un árbol con un trencito que te da una vuelta alrededor de éste (no es coña).

Lo más extraño que nos pasó fue que el miércoles quisimos ir a tomar algo por la tarde noche. Aquí los erasmus parecen hacer vida sólo los jueves, viernes y sábado, porque estaban todos los sitios más bien vacíos… Así que después de las “pint” nos entró hambre y nos fuimos a uno de esos “maravillosos” sitios take away que abren hasta tarde. Cuando estamos esperando nuestra pizza se nos acerca una tía (con pegote de mayonesa en el labio, por cierto) y nos pregunta que si somos españolas. “Sí” “Hay, que ilusión oír hablar español! Es que yo soy de los Estados Unidos pero mi mamá es de Venezuela y con ella siempre hablamos en español, y cuando las oí, perdónenme si las he molestado, no pude evitar el acercarme”. Nos estuvo contando un rato su vida, que si había venido a Manchester a estudiar, que esa tarde habían decidido ir a Liverpool y que por eso estaban ahí (obvio), y mil tonterías más hasta que se percató de que queríamos comer…

El fin de semana volví a Londres, con Clara, Mery y Andrea. El domingo se subió Marieta. Como no dejaréis de oír historias de Londres en los próximos meses sólo deciros que dormimos en un hostel venéreo regentado por Quentin Tarantino, que Andrea se transformó en la típica turista japonesa de “foto, foto, foto” (con amor, eh?), que a ésta la quisieron poner mirando a Portobello (si vuelvo a Londres iré a ese restaurante…), que la cocina de la residencia de Rocío da mucho asco, que ésta tiene una amiga que va prácticamente desnuda por la vida, que el domingo Clara y yo casi morimos de cansancio, que me compré un vestido de flores que a muchas de vosotras os va a horrorizar, que la gente no sabe sacar fotos (Marieta, necesitamos un trípode y/o fotógrafo profesional que vaya detrás nuestro) y… ¡¡¡QUE ME ENCANTA LONDRES!!!

Liverpool = Spain

Sí queridas, esto es España dos. He conocido a mucha más gente española y parece que nos reproducimos por momentos… El martes me fui a tomar un café con Clara (una chica de Santander que está de au pair aquí) al Starbucks (of course!). Al estar la planta de abajo llena optamos por la superior. Nada más entrar por la puerta un chico que trabajaba con su ordenador, levanta la vista y nos señala dos asientos en frente… Uno de ellos estaba ocupado por cosas y además había otros dos sofás libres cerca de ellos, así que les decimos no, thaaanks (añado las a porque el acento liverpoolés es lo que tiene) y nos sentamos. Pero siguen hablándonos, y lo que es mejor, ¡nos están hablando en español! Nada más vernos nos reconocieron… tan spic somos?!?!? Ah, sí, que llevamos ropa…

Aquí nuestros dos nuevos amigos, Gerard y Cristóbal están haciendo un doctorado en INEF. Gerard, catalán, 24 años, lleva ya dos años viviendo en Liverpool. Después de interrogarnos sobre nuestras vidas y contarnos las suyas Gerard se fue (por cierto, también tiene coche aquí) y nos quedamos solas con Cristóbal, granadino, 33 años, trabaja en la Federación Española de Ciclismo. Luego decidió acompañarnos a otro lugar en el que habíamos quedado con más gente y después se marchó. Ahora, estas dos personas raras a la par que simpáticas, tienen nuestros móviles.

Al día siguiente cometí el error de volver al Starbucks, esta vez con Sandra, y ahí apareció Cristóbal, pero tras media hora me fui que había quedado con Amy para nuestro exchange.

1 ene 2010

CAPÍTULO 4: DE EXCURSIONES VARIAS



4.1. Manchester:

Si no fuera por mis pequeñas excursiones los fines de semana me temo que en estos momentos no tendría mucho que contaros… Aquí las cosas siguen igual, es decir, caóticas. Poco a poco parece que entienden lo de la ropa en el suelo, bueno, más bien lo parece por días, porque los hay que lo hacen y los hay que no. Lo de los zapatos debajo de la mesa es algo que no consigo remediar… Pero qué le vamos a hacer, si Diana viene los martes y esa misma noche la casa ya está asquerosa… Me compadezco de esta mujer cuyo trabajo y esfuerzo no puede percibirse más que unas horas… (Y os aseguro que se nota… ¡hay un olor diferente! Jeje).

Nuestra segunda visita a Manchester fue mucho mejor que la primera, entre otras cosas porque pasamos más tiempo, Elena ya tiene un hogar en el que vivir y pudimos ver un poco de la ciudad. Llegamos sobre la una y algo a Manchester y Elena nos enseñó el camino hacia su nueva casa. Comimos ahí y rápidamente nos dirigimos de nuevo al centro porque Helen entraba a currar a las tres. Durante el camino me tropecé una primera vez (no Marta, no me caí) y maldije las calles inglesas que están llenas de socavones o de trozos levantados. A los pocos minutos volví a tropezar, y de nuevo no me caí, pero sí rompí mis maravillosas bailarinas negras… ¡Qué pena chicas! ¡Con los momentos tan increíbles que pasé con ellas! Al principio sólo se me había separado la tapa de la suela, que colgaba extrañamente. Intenté andar así (era un tanto raro y patético) hasta una tienda en la que comprar pegamento, pero al entrar en una y mirar de nuevo mi zapato me percaté de que había perdido el trozo que colgaba… Sí, iba medio descalza, casi tocando el suelo con los ejecutivos, y ni me había dado cuenta. Así que salimos de ese supermercado en dirección a Primark donde adquirí unas nuevas (no tan bonitas ni cómodas como las anteriores) pero sí mucho más baratas (4 pounds). A la salida me despedí como pude de ellas y las “enterré” con mucho dolor en una papelera de Manchester… Esa fue la primera visita que hicimos Clara y yo de la ciudad… el Primark (también fue mi primera visita en Liverpool, acojonante).

Después de este anecdótico momento quisimos dirigirnos a ver un mercadillo que se supone tiene lugar los sábados. Pero qué sorpresa cuando, mapa/guía en mano, nos topamos con varios policías en nuestro camino. No se puede pasar por ahí. ¿Pero qué está pasando? Nos acercamos un poco más y bordeamos tanto policía cuando vemos que hay una manifestación. Me subo a una verja y descubro que la manifestación es de corte fascista… Genial, ¿dónde nos hemos metido? Así que damos media vuelta, intentamos encontrar el mercadillo y como fue imposible nos pusimos a ver tiendecitas que había por el camino. ¡Viva el vintage! Creo que Clara todavía lo está flipando con los dos bolsos a un pound cada uno que se compró en una de estas. En una de ellas me enamoré de un vestido morado de fiesta, a tan sólo 25 pounds, pero he decidido ahorrar (entre otras cosas porque mi pobreza se hace cada día más manifiesta en este país y tampoco tengo ningún evento en el que ponérmelo…). Durante la visita a esa tienda empezaron a desalojar la manifestación y, como no, pasó por la calle. La dependienta, al ver lo que se acercaba a lo lejos, decidió cerrar y echar el pestillo. ¡Más vale ser precavido!

Cuando por fin abrió la puerta y pudimos seguir con nuestro paseo por la ciudad, llegamos a una calle en la que de nuevo estaba la manifestación. Pensamos que lo mejor era tomar algo hasta que se acabara así que nos metimos en el Starbucks. Desde la planta superior se podía ver todo el follon y pude sacar varias fotos (de motivada por la vida, ¡creyéndome una súper reportera! Jejeje). Pero llegó un momento que también decidieron desalojarnos de ahí y de nuevo tuvimos el “placer” de toparnos con los mil y un policías y los manifestantes.

Decidimos que lo mejor era coger la guía, mirar bien el mapa, e ir a ver un poco la ciudad. Así que conseguimos alejarnos de la manifestación y bajamos hasta la catedral. Es bastante pequeñita, de estilo gótico. De ahí nos dirigimos al Ayuntamiento, donde había un “festival” de comida y por supuesto, la comida española estaba presente con Paella. Vimos la Biblioteca y la Art Gallery para llegar a China Town (su China Town no mola mucho, la verdad). Una vez terminada la visita cultural nos fuimos a comprar algo con lo que alcoholizarnos (vino de California, nada recomendable) y a casa de Elena.

A las 12 y algo cogimos un taxi. Os voy a contar la historia del taxista que trae para largo… Aquí tienes dos tipos de taxis, los caros y los baratos. Los baratos, eso sí, se hacen ricos con las llamadas a 085 que tienes que hacer para que acudan. Una vez en el sitio en el que has quedado con ellos te hacen una perdida para que salgas y/o saber quién eres de entre la multitud. El taxista (no recuerdo bien si era indio o paquistaní) nada más subirnos nos preguntó si éramos españolas. “Sí”, “Can you please translate something?”, “Of course”. Así que me da su móvil y me empieza a decir algo tipo “te extraño mucho, pienso mucho en ti, quiero verte. Besos”. Obviamente le preguntamos y nos contó que años atrás había vivido en Venezuela donde había conocido a su novia, que está casada con otro, por cierto. Clara se indignó muchísimo, porque, además, según ella, fijo que el tiene también mujer y los dos están engañando.

Hoy jueves he recibido un mensaje que me ha dejado bastante perturbada… Estaba tranquilamente subiendo fotos en Factbook cuando suena el móvil. Miro de quién es el mensaje (pensando que sería alguno de mis amigos) y veo un número que no conozco. Me pone que si puedo por favor traducirle esto, firmado: Janu. “¿Quién es Janu?”, pienso. Así que le contesto con el típico sms de “perdona, no tengo tu número, no sé quién eres”. “The taxi driver”. ¿¿¿HOLA??? ¿¿¿ESTAMOS LOCOS O QUÉ???

Os transcribo el mensaje que, obviamente, no traduje: remember what is most important... is not having everything go right, its facing whatever goes wrong... it's not being without fear, its having the determination to go on in spite of it... its not where you stand, but the direction you are going in... remember to live just this one day and not to add tomorrow's troubles to today’s load... remember that every day ends and brings a new tomorrow full of exciting new things... love what you do, do the best u can and always remember to love is to be loved in return... we pass this way but one. Make it a journey to be proud of x:)

Llegamos a La Tasca, una cadena de “tapas” en la que trabaja uno de los compañeros de casa de Helen. Ahí continuamos con el alcohol, “disfrutando” de música como Baute… Sí señoras, ¡Baute! Me temo que de verdad traspasa fronteras… ¡Qué momento de felicidad de Clara! “¿Esto es Baute? ¡Es Baute! ¡Bea, es Baute!”, “¡Nooooooooooooo!”. Aquí Clara ya iba un poco más contenta que Elena y yo… y le dio con que quería un globito que había por ahí. Al final, lo consiguió y estuvimos media noche con el globito de aquí para allá (¡doy gracias al inglés que lo explotó…!). Después nos trasladamos a un garito cuyo nombre no recuerdo (puede que fuera Pussycat y que Atunes y Darth añoraran La Manga…). El caso es que a las cuatro por ahí decidimos volvernos a casa, Clara en un estado de lo más interesante, aunque según ella, iba bien. (No podía andar muy recto, pero bueno). La muy mamona (con amor Claris, con amor) cuando llegamos a casa decidió ocupar media cama y dejarnos la otra mitad a Elena y a mí (porque dormíamos las 3 en la cama). La resaca del día siguiente fue interesante… Comimos por ahí y acompañamos a Clara a la estación. Después Elena y yo morimos en su casa. Cogí el lunes el tren de vuelta a Liverpool y pasé de nuevo por una estación llamada West Allerton. El caso es que yo vivo en un barrio que se llama Allerton, así que me dio qué pensar. Cuando llegué a casa le pregunté a Graham y me dijo que sí, que hay una estación de tren en el barrio por la que pasan los regionales y algunos de larga distancia. Por qué no me lo había dicho antes y me hacía ir hasta el centro todavía no lo sé…

CAPÍTULO 4: DE EXCURSIONES VARIAS



4.2. London:

Me he enamorado de esta ciudad… No sé por qué nunca había venido antes. ¡Quiero volver ya! Jejeje. Eso sí, tendré que ahorrar un poquito porque ¡dios mío qué cara es! Me alegro de no haberme ido al final a una familia ahí y porque si me cuesta sobrevivir con el pocket money en Liverpool… El caso es que María y Silvia se encargaron de organizar un súper fin de semana en Londres. Compraron como regalo de cumpleaños unos billetes para Sandra y Virginia. ¡Menudo regalo! A mi alguna de vosotras me regala un billete de avión por mi cumpleaños (con destino a Madrid en estos momentos) ¡y lloro de la alegría! Pues hay gente por la vida que prefiere rechazarlo… Lo siento por Mery y Sil, que se lo habían currado y que habían pagados por los billetes.

El metro de Londres nos odia

Bueno, no sé si tanto el metro en sí o si más bien los conductores y usuarios… Mi tren llegó a las 11 y media a London Euston donde Mery me esperaba con un cartelito de bienvenida hecho por Buu (una de los niños que cuida. Y sí, se llama Buu, de Buan, estos ingleses y sus nombres…). Así que de la estación de tren íbamos al hostel a registrarnos. Hicimos la cola para comprar mi ticket y tardamos mil en ello porque, a pesar de que ponía que aceptaban la Visa Electron, tuve problemas para usarla…

Cuando por fin conseguimos entrar al metro y bajamos a nuestro andén, está ya el tren. Con lo que corremos para entrar cuando se mete una chica entre Mery y yo, prácticamente empujándome, y me deja fuera del vagón. Así que se cierran las puertas, María dentro de este y yo en el andén… Se bajó en la siguiente parada y pudimos volver a estar juntas.

Llegamos al hostel, pagamos nuestra estancia, dejamos nuestras bolsas y nos encaminamos a la estación de Saint Pacras a la que llegaba Silvia con el Eurostar. De nuevo nos dirigimos al metro, de nuevo bajamos al andén y ¡de nuevo se nos coló alguien en medio! Esta vez fui yo la que entró en el vagón, después un señor y después el bolso y el brazo de Mery… sí, sí, el bolso y el brazo, porque las puertas del metro de Londres se cierran súper rápido y a los conductores parece darles igual que una parte de tu cuerpo se quede enganchado, porque no abrieron las puertas. Sólo pitaba para que María se alejara… ¿pero cómo hacerlo con el brazo y el bolso dentro? Al final me quedé yo con el bolso y María, sola, indocumentada y sin nada, en el andén. Esta vez tuve que ser yo la que se bajó en la siguiente estación a esperar. Aprendimos una gran lección: no hay que subirse nunca en el metro de Londres si está sonando el pitido. (Nota: cuantos más metros conozco más quiero al Metro de Madrid…)

De reencuentros varios

Después de recoger a Silvia nos encaminamos al mercadillo de Portobello en Nothing Hill. ¡Otro motivo por el que tengo que ahorrar a la hora de ir a Londres es para poder comprar mil cosas ahí! Collares, bolsos, carteles, cámaras viejas (para quien no lo sabe hago colección), antigüedades… comimos por ahí con una amiga de María y Silvia, Carlota, que está de au pair en Londres y nos fuimos a Picadilly. A las 7 ellas se fueron al aeropuerto a recoger a Sandra y yo me fui al hostel a cambiarme porque había quedado con los de Público para cenar (uno de mis ex compis becario/precario está haciendo un master en Londres y otra trabaja de camarera en Brighton). ¡Qué alegría me dio Carlos cuando nos dio de cenar ibéricos! Que sepáis que si venís a verme está prohibido entrar en mi casa sin, al menos, un kilo de jamón. Jejeje. ¡Cómo lo hecho de menos! Me hizo mucha ilusión verles. Aunque como bien dijo otra de mis ex compis del periódico “manda huevos que quedéis en Inglaterra y que sea imposible que nos veamos en Madrid”.

Llegué a la una de la madrugada, más o menos, al hostel donde me esperaban comiendo un rico bizcocho de manzana made in Mery que me vino genial para absorber toda la cerveza que había bebido. Y ya nos acostamos para al día siguiente seguir explorando la ciudad. Carlota le había dicho a Mery que de Hyde Park salen excursiones gratuitas por Londres, con lo que ahí nos encaminamos. Se trata de una iniciativa de Sandemans NewEurope, una empresa de ocio y turismo. La idea es buena, no hay más que ver que se está haciendo en muchos lugares de Europa (como en Madrid, por ejemplo) pero la publicidad es más bien engañosa. Más que nada por que no es gratis. Es a voluntad del usuario. Por suerte te lo comunican nada más empezar el tour, para que luego no haya sorpresas. La gente suele entregar entre 15 y 5 pounds. Nosotras, como somos pobres, obviamente dejamos 5 pounds cada una (por un poco más de dos horas de guía turístico).

Nuestro guía era un chico catalán muy majo. Nos iba contando anécdotas a la vez que nos explicaba un poco de historia y de la arquitectura de los sitios (es licenciado en historia del arte). Empezamos el tour delante de la estatua de Wellington. De ahí fuimos andando al palacio de Buckingham, donde nos dejó 5 minutos para sacarnos fotos (nosotras por lo general empleábamos un poco más de tiempo, con lo que, junto a una parejita joven, siempre llegábamos tarde…). Vimos el cambio de guardia y seguimos nuestro camino hacia Trafalgar Square, la columna de Nelson, la “nariz de Napoléon”, las caballerías, Downing Street, el Parlamento y por último la abadía de Westminster. Como podéis comprobar el tour es bastante completito.

Junto con otras personas del grupo, al finalizar la excursión nuestro guía nos llevó a comer a un restaurante bastante bien de precio. Al finalizar la comida continuamos con nuestro recorrido turístico, de nuevo en Trafalgar Square (que sepáis que subirse a los leones no es fácil), el Parlamento (donde unos chicos italianos nos dijeron algo de Photo y nosotras entendimos que muy amablemente se ofrecían a sacarnos una, pero no, era que querían hacerse una foto con nosotras…), London Eye, Picadilly (acabamos en la tienda de Gap comprándonos todas algo, qué poco originales que somos), el Soho… Cenamos y el cansancio pudo con nosotras así que nos fuimos al hostel. Estuvimos hablando un ratito con nuestros compis de habitación (también españoles) y a las 11 o así nos acostamos. Nos levantamos prontito el lunes para visitar un poco más antes de irnos. Fuimos a ver el Tower Bridge y la Tower of London. Pero desgraciadamente María y Sandra tenían que irse a Surrey, Silvia a Bruselas y yo de nuevo a Liverpool. Así que toco el momento despedida en el metro de Londres… ¡¡¡qué penita!!! Pienso volver en diciembre, ¡¡¡para compras navideñas!!! Jejeje (y ver más cosas, ¡que me queda mucho por visitar!). Algo que no hago más que comprobar es que la gente no sabe sacar fotos. ¡Casi todos te sacan un primer plano! A ver, si estamos delante de un monumento, en otro país, de visita cultural, ¿de verdad piensa la gente que queremos una foto de nuestra cara, y sólo nuestra cara? Pues no, ¡porque para eso me quedo en Madrid!