27 dic 2009

CAPÍTULO PRIMERO, LA LLEGADA


El día en el que iba a empezar una nueva vida me levanté tarde y podría haber sido más tarde sino fuera porque Puxis me escribió un mensaje al móvil de despedida. Un “adiós”, pero que es un “hasta luego”.

Aquella noche no había dormido del todo bien, supongo que una mezcla de emociones muy diversas me invadía cuerpo y mente. Nervios, no; histeria, mucha. Elegir la ropa que te vas a llevar para tanto tiempo no es nada fácil… (¡Aunque por lo menos creo que ahora Drews y Prue están contentas con las nuevas adquisiciones de temporada!) Meterlo en dos maletas… tampoco. Queridas mías, ¡lo más probable es que os toque traerme ropa cuando vengáis!

Llega la hora de la despedida

Después de la visita de Andrea, mi desquicio por la ropa, la última comida por unos meses con mi madre y el camino al aeropuerto, toco facturar. “¡27 kilos! ¡Pero si lo he pesado en casa y me pasaba sólo tres!”. El pobre chaval que estaba facturando mis cosas me miró con cara rara y me dijo… “tendrás que sacar cosas”. ¿Pero qué saco?, me pregunté. Abrí la primera de las maletas y miré la ropa… nada, no puedo sacar nada… Moví una sudadera a la bolsa de mano (bolsa/bolso…), saqué una crema y me negué a quitar más cosas. Mi padre miraba sorprendido. Elena se reía a la vez que sufría conmigo. Y el chaval… se apiadaba de mí. En qué momento pronunció unas palabras que sabían a gloria… “Anda, corre, cierra la maleta que te las paso ahora que mi jefa no me ve”. ¡Benditas palabras! Aquel joven de aparato en los dientes, granos y brillos, muchos brillos en la cara, habría de salvarme…

Tras unas cuantas lagrimitas en la puerta Elena y yo comenzamos el camino hacia el control de seguridad. Botas, fuera; cinturón, fuera; joyas, fuera; “¿ahí llevas un ordenador?” pregunta una vigilante, “sí”, “pues sácalo”; ordenador, fuera; pashmina, fuera; creo que ya puedo pasar por el arco. Helen, la pobre, tuvo que volver a pasar (a ella no la habían avisado que el ordenador, también tenía que ir fuera de la bolsa).

Tras pasar el segundo control, en el que un simpático policía me vaciló, llega la hora de embarcar, y, a pesar de ser de las últimas en subir (porque nuestro billete era de tipo B), conseguimos dos sitios juntas. ¡Bien!

Primera impresión

Tras recoger nuestras maletas nos disponemos a salir. “¿Los ves?”, pregunta Elena. Giro la cara y veo a cuatro personas que sujetan un cartel con mi nombre. “Sí, está claro que son esos”. Me despido de Elena y comienza el momento saludo/presentaciones oficiales. <>. ¡Me regalan una rosa! Cogemos el coche de camino a casa, es un trayecto corto desde el aeropuerto. ¡Lo de que conduzcan al revés no lo he notado tanto! Eso sí, no se si es él o los ingleses en general pero conducen jodidamente mal.

Los niños a penas me hablan, sólo Amber. Graham parece muy amable y atento. Me pregunta por el vuelo, por mi examen, si ya se la nota, sobre qué les parece a mis padres que me venga, etc. Intenta sacar temas de conversación no demasiado difíciles pero con los que tampoco le conteste con monosílabos. Me habla de mis “nuevas amigas”: la antigua au pair que ha decidido quedarse aquí y la au pair de unos amigos franco-noruegos. Llama a Georgine, con la que acabo hablando en francés, en estos momentos no tengo problemas de comunicación. Graham me propone dar clases de español, conoce gente a la que le interesaría y me ha asegurado que podré sacarme mínimo 25 libras la hora. Suena de lo más interesante. “Yes, of course that I want”. Si no lo he pronunciado bien, o es gramaticalmente incorrecto, al menos, me ha entendido.

La casa, o el CAOS

Llegamos a la casa. Las pobres niñas quieren ayudarme a llevar las maletas. Obviamente no pueden, ¡con esos mini cuerpitos! Amber, que se ha convertido en mi favorita, me conduce a mi cuarto, “You will love your room!”. La habitación es bastante grande. Tiene una gran estructura que ocupa toda una pared. Está compuesta por 3 armarios, una cómoda con un espejo que se puede iluminar y otro armario en el que está la televisión, dvd y películas (por cierto, está Finding Nemo). A otro lado la enorme ventana, que sí que tiene cortinas, pero son color ocre… ¡con eso no se tapa la luz! Me temo que tendré que acostumbrarme a dormir con ella… Después veo una estantería llena de libros y “cosas” (ahora que me he puesto a investigar… ¡todo cosas que se podrían tirar! Jajaja) Dos camas y entre ellas una mesilla en la que hay un jarrón con flores y un teléfono (“¡Bien! ¡Os puedo llamar desde mi cuarto!”). En la última pared está el radiador (muy largo, pero no calienta mucho) y una pizarra en la que me han puesto un mensaje de bienvenida: “Beatriz, ¡bienvenido a Liverpool!¡Esperamos que te gusta tu dormitorio!” (Perdonaremos las incorrecciones gramaticales/de género). No me puedo quejar de mi cuarto, es espacioso. El baño es grande, pero horrible. Eso sí, tiene tanto ducha como bañera. En este piso también está la habitación de él y la de las niñas. Debería haber dos formas para entrar en esta habitación pero el pasillo que llevaría a la otra puerta ha sido… invadido por libros, cajas, porquería, etc. CAOS.

La casa es bastante grande. El problema es que al parecer lleva como 3 años remodelándola… El sótano, donde está la “music room” es la zona en mejor estado de la casa… Lo hizo hace unos años (resulta que es un manitas que lo arregla todo él), así que hay parqué, un nuevo baño con azulejos en el suelo (y no moqueta) y las paredes están súper bien pintadas. Problema: al baño todavía le falta la puerta así que no se puede usar…

Se accede por la planta baja. En ella está lo que sería el salón/comedor, la cocina y un despacho. Y digo lo que sería porque el salón está completamente levantado… No hay suelo, pero sí un montón de herramientas. Faltan trozos de pared. El despacho… es el CAOS. Por lo que he podido distinguir al fondo hay un escritorio y un par de librerías. Problema: está lleno de porquería. Cajas, sobre todo. Menos al que hay un mini pasillo hasta el que se puede llegar al fondo, pero la verdad es que no tengo intención de pasar mucho por ahí. La cocina… está un poco vieja. Hay armarios que no cierran bien. Por lo que veo hacen bastante vida aquí o en la music room (lógico, pues media casa está patas arriba). Eso sí. No he visto cocina tan poco bien organizada. Los platos están a un lado. Los vasos en la otra punta. Y tras 5 minutos abriendo cajones encontré por fin los cubiertos. Lo de la comida… todavía no lo tengo muy claro, pero creo que le diré que si le puedo acompañar a hacer la compra la próxima vez que vaya porque veo mil salsas en la envera pero casi nada de verdura o carne… Creo que lo poco que he conseguido engordar en estos últimos años lo voy a perder aquí.

La última planta tiene dos habitaciones, el trastero y lo que supongo que será un baño. En ésta está la habitación de Jasper. El otro dormitorio y el baño también han sido invadidos por el CAOS. Cajas, suciedad, porquería, cosas que parecen rotas… Debajo de tanta mierda se ve una cama… Y al fondo se ve un escritorio con un bonito ordenador Mac Pro de mesa que parece no utilizarse (llegar a él requiere alta flexibilidad y capacidad para saltar por encima de tanta mierda).

Conclusión: a parte de las seis habitaciones en las que habitan, el resto… Tanta casa para tan poco… A pesar de tener una mujer de la limpieza (que se supone que viene los martes, pero que yo no lo ha visto…) está un poco asqueroso. He optado por limpiar mi cuarto a fondo porque no me gusta mucho el polvo, y mucho menos los bichitos que imagino que los habrá. Eso sí, ¡ahora tengo el cuarto impoluto!

Mi primer día

Comienza a llegar el final de mi primer día. Hoy casi no he hecho nada. Por la mañana Graham iba a estar en casa así que me dijo que durmiera hasta tarde si quería y que luego ya me enseñaba todo. Hemos recorrido de arriba abajo la casa y me ha explicado cómo funciona la maldita alarma (por la noche si quiero bajar a beber agua tengo que quitarla y luego volverla a poner… ¡espero acordarme!)

Después hemos dado una vuelta en coche por el barrio, explicándome dónde estaba el colegio de las niñas, el supermercado (al que visitaré mañana…), los vecinos/amigos que les ayuda con los críos, y ya hemos ido al centro de la ciudad. Lo he visto en coche pero por lo menos ya me ubico un poco. Ya sé qué autobús tengo que coger y que son como 20 minutos hasta el centro.

A las 11 y algo hemos vuelto a casa porque Graham se tenía que ir a trabajar, hoy tiene concierto y no vuelve hasta las 12 de la noche. Así que me he puesto a vaciar por fin las maletas y colocarlo todo. Después me he dado una vuelta por el barrio, y me he metido un poco por Calderstones Park, un bonito y clásico parque al lado de la casa. He vuelto porque no estaba segura a qué hora llegaba Jasper a casa, pero Jasper me la ha jugado… ahora… ¿queriendo o sin querer? El caso es que pasaban las horas y Graham me había dicho que tenía que cenar a las 6 porque a y media se iba. Pero eran las 5 y media y no había llegado. O eso creía yo… Ya en mi histeria he subido al cuarto del niño, he bajado a la sala de música… he acabado llamando al padre diciéndole que Jasper no había llegado a casa… Ilusa de mí, ¡estaba arriba en la habitación del ordenador! (que al parecer sí se usa…) ¡Había llegado a casa y ni siquiera me había dicho nada! No le pido que me cuente su vida… pero ¿qué menos que un “hello”? Ahora mi cabreo se empieza a pasar, pero bueno, mañana será otro día, ¿no?

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